Mientras esperaba la llegada de sus amigos, Mariela había preparado unas exquisitas quiches de Espárragos y cebollas confitadas, acompañada de una variedad de ensaladas frescas y nutritivas. Aquella gran mesa de roble lucía preciosa debajo de aquel álamo tan añejo que lo protegía de los intensos rayos de sol veraniego. Acomodó sonriendo los floreros que lucían aquellas flores silvestres que crecían en su propio jardín y que tanto amaba, antes de regresar a la cocina para dar los últimos toques a sus platos, cuando escuchó el timbre de casa:
- ¡Fernando, Juan! Que gusto volver a verlos - exclamó con su sencillez habitual al abrir la puerta. - Entren y pónganse cómodos - volvió a sonreir - ¿desean un pequeño aperitivo mientras esperamos a Sandra? - miró su reloj - la espero a eso de las ocho, aun tenemos tiempo....
Fernando se echó a reir - ¡Aceptamos encantados!, ¿verdad Juan? - se dirigió a su amigo, quien se había quedado observando a la joven en silencio, totalmente encantado con aquella chispeante y alegre amiga. Admiraba a la joven por su coraje, su sencillez y solidaridad y su enorme corazón. - ¿Juan? - volvió a preguntar Fernando - ¿en que planeta te encuentras? Aun nos encontramos en el planeta Tierra, aunque tu pareces volar por el Sistema Solar.....
- ¡Mil disculpas! - aquellas palabras de su amigo lo volvieron a la realidad, le sonrió a la joven - como sabrás me encantan los aperitivos, aunque hoy prefiero obviarlo y esperar hasta la cena, si no te incomoda, además el tiempo suele pasar bastante de prisa, tu sabes, especialmente, cuando se está muy bien acompañado. - Observó a Mariela mientras ésta daba los últimos toques a aquella mesa - Dime ¿y Lucía?, ¿acaso ya duerme?, preguntó con un enorme interés.
- Una niña de cinco años Juan, que gasta una energía impresionante durante el día, necesita una larga noche de sueño, hoy se quedó dormida de tanta actividad, pero vengan - los condujo hasta la puerta de una habitación, y abrió cuidadosamente la puerta - observen - se le humedecieron los ojos de emoción - ¿no es encantadora aun cuando duerme?
Juan estaba a punto de contestar, cuando se escuchó el timbre. Al abrir, se encontraron con una joven alta y esbelta, con cabellera rubia y ojos verdes:
- ¡Sandra! - exclamó Mariela y la abrazó efusivamente - ¡cuanto tiempo ha pasado desde la última vez que nos hemos visto! - ven - sonrió - debes de tener hambre, la mesa está servida, y además tenemos dos compañeros de mesa de lujo - y pronto aquella casa tan especial se llenó de una enorme alegría y cariño, y, mientras disfrutaban de aquella exquisita cena recordando tiempos pasados. Finalmente fue Sandra quien llevó la conversación hacia Lucía:
- Mariela, creo que es hora de cambiar de tema. ¿Por que no me cuentas lo más detalladamente posible, la historia que conoces de Lucía? ¿Como llegó a tu vida?
La joven sonrió - En realidad fue Juan el que la encontró en la playa, totalmente sola y muy bien vestida, tratando de sacar una pelota de las agitadas aguas del mar - comenzó tímidamente, para luego relatar con lujo de detalle lo que habían llegado a averiguar de la vida de Lucía.
- ¿Dices que sus padres fallecieron en un accidente de tráfico Fernando, y que su abuela paterna también falleció? Es extraño que una niña no tenga otros familiares que ser hagan cargo de ella, como tíos, por ejemplo - dijo pensativamente, luego se dirigió nuevamente a Mariela:
- Realizaré algunas investigaciones sobre el tema, Mariela, me informaré en detalle sobre la vida de esta niña, pues me parece casi inverosímil que no existan parientes que la deseen criar y cuidar. - Observó detenidamente a Mariela - En caso de que encuentre a algunos familiares que deseen cuidar de ella, ¿aun estarías dispuesta a adoptarla?
A la joven se le humedecieron los ojos - no comprendo tu pregunta Sandra - su voz casi no era audible - Lucía no tiene a nadie , simplemente no podría abandonarla - sus palabras simples, pero, sobre todo, la emoción y sensibilidad con las que fueron dichas, llegó al corazón de todos los presentes. - Por supuesto - continuó más repuesta y tranquila - que si se llegara a encontrar a familiares directos o alguna familia que realmente la quiera y la cuide, daría un paso al costado, por el bien, únicamente de Lucía...pero si ese no es el caso Sandra, seguiré luchando por ella. - Y la noche finalizó tan alegremente como había comenzado, con la promesa de verse nuevamente muy pronto.
La mañana siguiente amaneció con sol y algunas nubes, pero, sobre todo, con una temperatura bastante más baja que los días anteriores. Aun así la niña preguntó ilusionada:
- ¿Vamos a la playa?
Mariela sonrió - no pequeña - respondió dulcemente - hoy definitivamente no es un día ideal para pasar en la playa - notando la carita de desilusión de la niña: - ya habrá otros días mejores para divertirnos en la playa y pasarla de maravillas Lucía, pero ¿que te parece si te muestro el pueblo en el que vivimos? Si deseas, llévate a Marta, así lo compartes con ella...
La sorpresa y alegría de aquella niña no tenía límites al encontrarse con aquel pueblo tan precioso, un pueblo que parecía salido de un cuento de hadas: casas bajas con techos a doble agua, cada uno con su jardín, árboles por doquier que proporcionaban sombra y oxígeno a la población, plazas y parques donde pasar un rato agradable, y sobre todo, aquellos lugares exclusivos, hechos con muchísimo cariño para los más pequeños, lugares de esparcimiento, de diversión, y de juegos divertidos y, sobre todo didácticos. Y mientras que las estrellas comenzaban a brillar en el firmamento, una agotada niña comenzaba entrar en el mundo mágico de los sueños, Mariela la observaba emocionada y feliz..., aunque sus vidas sufrirían muy pronto un drástico cambio.....
La mañana siguiente amaneció con sol y algunas nubes, pero, sobre todo, con una temperatura bastante más baja que los días anteriores. Aun así la niña preguntó ilusionada:
- ¿Vamos a la playa?
Mariela sonrió - no pequeña - respondió dulcemente - hoy definitivamente no es un día ideal para pasar en la playa - notando la carita de desilusión de la niña: - ya habrá otros días mejores para divertirnos en la playa y pasarla de maravillas Lucía, pero ¿que te parece si te muestro el pueblo en el que vivimos? Si deseas, llévate a Marta, así lo compartes con ella...
La sorpresa y alegría de aquella niña no tenía límites al encontrarse con aquel pueblo tan precioso, un pueblo que parecía salido de un cuento de hadas: casas bajas con techos a doble agua, cada uno con su jardín, árboles por doquier que proporcionaban sombra y oxígeno a la población, plazas y parques donde pasar un rato agradable, y sobre todo, aquellos lugares exclusivos, hechos con muchísimo cariño para los más pequeños, lugares de esparcimiento, de diversión, y de juegos divertidos y, sobre todo didácticos. Y mientras que las estrellas comenzaban a brillar en el firmamento, una agotada niña comenzaba entrar en el mundo mágico de los sueños, Mariela la observaba emocionada y feliz..., aunque sus vidas sufrirían muy pronto un drástico cambio.....




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