Vistas de página en total

martes, 17 de julio de 2012

La mirada de Lucía (4)


La mañana se presentaba, una vez más, diáfana y radiante. Desde la ventana del pequeño y acogedor comedor que daba a la galería se podía disfrutar de una vista incomparable de aquellos enormes y añejos árboles que elegantemente se mecían casi hasta el suelo, las rosas trepadoras habían comenzado a abrir tímidamente sus pimpollos, transformando aquella pared en una verdadera sinfonía de colores. Más allá, a unos pocos metros, se comenzaban a divisar la playa con sus increíbles blancas arenas, y la vista incomparable y siempre especial de aquel océano tan infinito e inmenso. Mariela se sirvió una segunda taza de té, mientras disfrutaba de aquella paz que siempre encontraba a primera hora de la mañana, rodeada de aquella exuberante naturaleza. La joven sonrió al observar a Lucía, que sentada en una pequeña mesita y totalmente concentrada en su tarea, trataba de dar color al dibujo que había terminado. 

- Pero que bello te está quedando tu dibujo Lucía - sonrió a la niña que, con ojos brillantes,  la observaba feliz - le has puesto unos colores preciosos pequeña, dime ¿quienes son?


Desde la altura de sus cinco años, con gran seriedad, y señalando a las dos figuras femeninas que había dibujado, la niña contestó: - Nosotras dos en la playa....


Lucía se echó a reír - vaya pequeña - contestó con un guiño de complicidad y una amplia sonrisa - gracias por cambiarme el look..., siempre creí que tenía pelo negro y corto - acarició los dorados rizos de la niña - pequeña, ¿por que no dejas el dibujo por unos minutos?, sabes - le entregó una manzana, y dulcemente prosiguió - nosotras dos tenemos una charla muy importante pendiente ¿te gustaría?

Los bellos ojos azules de la niña centellaron, y, como única respuesta (pues aun estaba masticando un pedazo de manzana), apretó fuertemente la mano de su gran amiga. Mariela la besó en la mejilla y le regaló una inmensa sonrisa: 






- Pequeña - comenzó dulcemente - se bien que no has tenido una vida demasiado feliz hasta este momento - los bellos ojos de Lucía se humedecieron y las lágrimas no tardaron en aparecer, Mariela la abrazó tiernamente - perdóname pequeña por hacerte sufrir, solo dime: ¿Eres feliz conmigo? ¿Te gusta este lugar?


Los ojos de Lucía se abrieron como platos: - ¡Me encanta! - aquella sonrisa iluminó el corazón de la joven con su especial y sincero fulgor, los ojos de la niña, tan azules como el cielo parecían llegar hasta su alma - eres muy buena - abrazó efusivamente a su protectora, antes de preguntar: -  ¿puedo salir a jugar al jardín?


En realidad la joven hubiera preferido proseguir un poco más con aquella conversación, pero ¿quien se podía resistir al candor y encanto de Lucía? con apenas seis años tampoco se los debe de exigir demasiado - por supuesto pequeña - contestó dulcemente - en seguida estoy contigo.


Pensativamente se quedó observando a la niña por unos instantes. Hacía dos meses desde aquel día en que se la llevó a casa haciéndose responsable momentáneamente por ella, imaginando que pronto iba a ser dada en adopción. Su propia vida había sido un torbellino constante, después de mucho buscar había encontrado esta casa , aquí había pasado gran parte de los últimos veranos y otoños, aunque, desde que había conseguido aquel trabajo de secretaria en una pequeña compañía maderera del pueblo, ya nunca se había ausentado de este paraíso. Había logrado insertarse bastante bien en aquella comunidad, había encontrado algunos muy buenos amigos,  creía estar conforme con su manera de vivir.... De lejos se escuchaba la alegre risa de la pequeña.., trató de imaginarse la vida sin Lucía..., y se le humedecieron los ojos al instante..., decidida se dirigió al teléfono y discó un número: 


- ¿Juan? Es Mariela - por el tono de voz de la joven, Juan se dio cuenta en seguida de que el tema era importante - necesitaría hablar contigo cuanto antes, ¿te puedes contactar con Fernando? Me encantaría encontrarme con ustedes dos lo antes posible, se trata de Lucía


- Fernando está aquí conmigo Mariela - respondió el joven con un tono tranquilo -   podemos estar en tu casa en unas tres horas, ¿Te parece?






- ¡Perfecto, los espero! - la joven buscó en el índice telefónico, después de encontrar aquel número esperó a ser atendida: 


- Buenas tardes, ¿podría hablar con la licenciada Sandra Gómez? - preguntó amablemente - de parte de Mariela, una amiga. -  Después de lo que le pareció una eternidad escuchó una agradable y vivaz voz femenina: 


- ¿Mariela? ¡Que alegría saber de tí! ¿que es de tu vida? hace mucho que no nos vemos - adivinando que la joven necesitaba ayuda prosiguió - ¿en que te puedo ayudar Mariela?


- No deseo incomodarte Sandra - comenzó la joven tímidamente - de seguro que tienes mucho trabajo - no pudo proseguir, la alegre voz de Sandra la interrumpió: - Mariela, estoy por regresar a casa en minutos, mi día laborable ya terminó, cuéntame - la animó alegremente - ¿En que te puedo ayudar? - y la joven realizó un resumen, lo suficientemente compacto pero también bastante detallado de los últimos acontecimientos que se habían producido en su vida


- Mariela, ¿acaso estás pensando en una eventual adopción? - la voz de Sandra sonó clara y diáfana - no será sencillo, al contrario, hay muchos intereses de por medio, habrá otras familias que la querrán adoptar seguramente..., será una batalla dura a ganar y además tu vida cambiará por completo...


Pero Mariela estaba decidida - Sandra - respondió con voz firme - esta niña no solo  ha tocado mi corazón y mi alma, también ha tocado mi vida, cambiando muchas de mis anteriores convicciones - hizo una pequeñísima pausa para ordenar sus ideas - me preguntaba si quizás tienes tiempo hoy a la tarde, en tres horas, para pasar por casa, ¿recuerdas a Juan y a Fernando? - prosiguió lo más tranquilamente posible - ellos me han apoyado desde el primer instante, la idea es reunirnos para ver si esta alternativa es posible y los pasos a seguir de ahora en más


 - Cuenta conmigo Mariela - fue la sincera respuesta - si una niña fue capaz de transformar tu interior, entonces, de seguro que es una pequeña muy especial, a la que me encantará conocer más a fondo - esta vez fue Sandra quien ordenó sus ideas - llegaré alrededor de las 8 de la tarde a tu casa


Mariela salió al jardín ¡Que preciosa vista que se presentaba ante sus ojos! El sol aun bañaba con su dorado resplandor algunos rincones de aquel encantador jardín, aunque ya se podían observar el tenue brillo de las primeras estrellas que anunciaban  la llegada de la noche. Levantó en brazos a la pequeña que se había quedado profundamente dormida y la llevó a la cama..., comprendiendo que había llegado a un punto crucial y sin retorno en su vida, se dirigió a la cocina para preparar un sinfín de ensaladas frescas para sus amigos.., 

















No hay comentarios:

Publicar un comentario