Amanecía, y los primeros rayos de sol comenzaban a iluminar, con sus colores tan característicos, cada rincón de aquel maravilloso y encantador lugar, mientras Mariela, lo más silenciosamente posible,terminaba de preparar un copioso y nutritivo desayuno debajo de aquel roble añejo que tanto agradaba a Lucía. Se detuvo un instante para aspirar aquel especial aire marino que tanto disfrutaba, antes de dirigirse a la habitación de la pequeña, al abrir la puerta se encontró con la sonrisa de Lucía:
- Buenos días pequeña y ¡Feliz Cumpleaños! - suavemente la abrazó antes de proseguir - me parece que volveremos a tener un día veraniego muy hermoso, ¿que te parece si lo comenzamos con un desayuno de lujo en nuestro rincón especial? - y observando el entusiasmo y la impaciencia de la pequeña, agregó con picardía: - pero recuerda que por hoy no podrás pisar el lado de atrás ni de la casa, ni del jardín hasta comenzada la tarde...
- ¿Por qué? preguntó muy seriamente y desde la altura de sus seis años, mientras se sentaba en su silla
- Eso chiquilla traviesa es un gran secreto..., que se develará más tarde - le respondió con una sonrisa - además, recuerda que te vendrán a buscar tus nuevos amiguitos para pasar la mañana en la playa muy pronto - la pequeña había hecho amistad con un grupo de niños, con los que siempre se solía juntar, y con los cuales se entendía a la perfección, entre sus amigos preferidos se encontraban Pablo, Andrés, Patricia y Alejandra.
No había terminado de hablar cuando aparecieron sus amigos:
- Venimos a buscar a Lucía - fue Pablo, quien con sus ocho años de edad, y siendo el mayor del grupo se dirigió a Mariela - la cuidaremos especialmente - dijo, mientras que la tomaba de la mano, y dirigiéndose a su amiga - ¿Vienes Lucía? hay muchos juegos divertidos para jugar, verás, la pasaremos de maravillas. Y a la tarde seguiremos jugando en tu casa....
Mariela los observó sonriente mientras que se alejaban corriendo..., ¡bella y especial niñez! sinónimo de inocencia y de candor, de alegría de y despreocupación. Regresó a la cocina con una melodía en sus labios, aun quedaba mucho que preparar para la gran fiesta de Lucía. Estaba por comenzar a preparar uno de los dos pasteles especiales para aquella fiesta, cuando apareció Juan:
- Me he tomado el día libre para ayudarte a preparar esta fiesta - ¡mmmm! Pastel de chocolate...,
- Juan eres un encanto - la joven le regaló una preciosa sonrisa - ¿Que te parece si te ocupas de inflar los globos? Los encontrarás en una caja sobre la mesa pequeña al lado del comedor - y mientras que se enjuagaba las manos - y si me podrías cortar unas flores silvestres sería genial
El joven contestó con picardía:
- ¡Por supuesto! es un placer ayudarte, aunque - y con una expresión de niño travieso agregó: - me hubiera encantado prepararle el pastel a Lucía, especialmente el de chocolate
Mariela se echó a reir - ¡Vaya! si te lo dejaría preparar no quedaría nada para hoy a la tarde - sonrió - te prometo que otro día lo prepararemos juntos ¿te parece? - y mientras Juan comenzaba a inflar los globos, apareció Fernando con una hermosa bicicleta roja para Lucía
- Mariela, ¿donde puedo dejar este enorme regalo? ¿en que te puedo ayudar?, preguntó - , ¡mmmm! aquí huele a manjar de los dioses....
- ¡Que maravilloso regalo para Lucía Fernando!, estará encantada, desde que la encontró en aquella vidriera hace unas semanas atrás, no hizo más que hablar de ella con un enorme entusiasmo - sonrió - ¿que te parece si la tapamos un poco? Detrás de aquellos árboles - señaló un grupo de abetos - no podrá ver otra cosa que un manchón de color rojo.., y como hay varias plantas y flores de ese color justo detrás, ni se lo podrá imaginar, y si le ayudas a Juan a abrir las mesas y distribuir las sillas sería genial - sonrió - mientras que se cocina este pastel terminaremos de armar, decorar y llenarlas de exquisiteces....
Muy pronto, aquel jardín trasero se había transformado en un alegre lugar: algunos globos, de todos colores, colgaban de los árboles, las mesas lucían alegres, con sus pequeños centros de mesa de flores silvestres, arreglados con muchísimo cariño para aquella chiquilla tan especial, mientras que se llenaban de exquisiteces de toda clase: pequeños budines, emparedados con todo tipo de relleno, pequeñas empanaditas de copetín, con relleno de carne y de pollo, pinchos de fruta, entre otras exquisiteces, todo coronado por los dos pasteles de chocolate que Mariela había preparado durante aquella mañana. Y sobre aquella mesa redonda se apilaban los regalos para Lucía, todos ellos envueltos en bellos y alegres papeles, decorados con enormes moños....
A su regreso, Mariela la recibió con un cálido y cariñoso abrazo:
- ¡Feliz Cumpleaños pequeña! - sonrió al ver la carita de sorpresa de aquella niña, le acarició sus hermosos rizos - creo que hay varias sorpresas a descubrir, ¿por que no vas a investigar..., por ejemplo detrás de aquellos abetos? - y dirigiéndose a sus amiguitos prosiguió - si desean pueden acompañarla en esta aventura....
Pronto se escuchó la risa diáfana y clara, tan inconfundible de Lucía, y cuando volvió a aparecer su rostro resplandecía de felicidad, empujaba su pequeño tesoro con un enorme orgullo, y ya estaba por echarse en brazos de Mariela, cuando ésta, adivinando la intención de la pequeña, le dijo por lo bajo:
- Pequeña, es un regalo de Fernando, es a él que le debes agradecer
La emoción de aquella niña fue tan grande que no fue capaz de agradecer con palabras aquel regalo tan especial, pero a Fernando le bastó ver aquella expresión de enorme felicidad y aquellos ojos azules como el cielo, ahora húmedos, que lo observaban con enorme gratitud.
Aquella fue una tarde en la que la alegría invadió cada rincón de aquel lugar: los niños jugaban encantados y se divertían enormemente, mientras que los grandes los observaban felices. Demás está decir que las exquisiteces culinarias de Mariela habían tenido una enorme repercusión, los dos grandes vencedores eran, por un lado los dos pasteles de chocolate, y por el otro las bellas copas de helado que había preparado con tanto cariño. Ya entrada la noche, y después de un día lleno de grandes emociones, una agotada niña se dormía feliz, viajando a un mundo mágico y fantástico de los sueños......
- ¿Por qué? preguntó muy seriamente y desde la altura de sus seis años, mientras se sentaba en su silla
- Eso chiquilla traviesa es un gran secreto..., que se develará más tarde - le respondió con una sonrisa - además, recuerda que te vendrán a buscar tus nuevos amiguitos para pasar la mañana en la playa muy pronto - la pequeña había hecho amistad con un grupo de niños, con los que siempre se solía juntar, y con los cuales se entendía a la perfección, entre sus amigos preferidos se encontraban Pablo, Andrés, Patricia y Alejandra.
No había terminado de hablar cuando aparecieron sus amigos:
- Venimos a buscar a Lucía - fue Pablo, quien con sus ocho años de edad, y siendo el mayor del grupo se dirigió a Mariela - la cuidaremos especialmente - dijo, mientras que la tomaba de la mano, y dirigiéndose a su amiga - ¿Vienes Lucía? hay muchos juegos divertidos para jugar, verás, la pasaremos de maravillas. Y a la tarde seguiremos jugando en tu casa....
Mariela los observó sonriente mientras que se alejaban corriendo..., ¡bella y especial niñez! sinónimo de inocencia y de candor, de alegría de y despreocupación. Regresó a la cocina con una melodía en sus labios, aun quedaba mucho que preparar para la gran fiesta de Lucía. Estaba por comenzar a preparar uno de los dos pasteles especiales para aquella fiesta, cuando apareció Juan:
- Me he tomado el día libre para ayudarte a preparar esta fiesta - ¡mmmm! Pastel de chocolate...,
- Juan eres un encanto - la joven le regaló una preciosa sonrisa - ¿Que te parece si te ocupas de inflar los globos? Los encontrarás en una caja sobre la mesa pequeña al lado del comedor - y mientras que se enjuagaba las manos - y si me podrías cortar unas flores silvestres sería genial
El joven contestó con picardía:
- ¡Por supuesto! es un placer ayudarte, aunque - y con una expresión de niño travieso agregó: - me hubiera encantado prepararle el pastel a Lucía, especialmente el de chocolate
Mariela se echó a reir - ¡Vaya! si te lo dejaría preparar no quedaría nada para hoy a la tarde - sonrió - te prometo que otro día lo prepararemos juntos ¿te parece? - y mientras Juan comenzaba a inflar los globos, apareció Fernando con una hermosa bicicleta roja para Lucía
- Mariela, ¿donde puedo dejar este enorme regalo? ¿en que te puedo ayudar?, preguntó - , ¡mmmm! aquí huele a manjar de los dioses....
- ¡Que maravilloso regalo para Lucía Fernando!, estará encantada, desde que la encontró en aquella vidriera hace unas semanas atrás, no hizo más que hablar de ella con un enorme entusiasmo - sonrió - ¿que te parece si la tapamos un poco? Detrás de aquellos árboles - señaló un grupo de abetos - no podrá ver otra cosa que un manchón de color rojo.., y como hay varias plantas y flores de ese color justo detrás, ni se lo podrá imaginar, y si le ayudas a Juan a abrir las mesas y distribuir las sillas sería genial - sonrió - mientras que se cocina este pastel terminaremos de armar, decorar y llenarlas de exquisiteces....
Muy pronto, aquel jardín trasero se había transformado en un alegre lugar: algunos globos, de todos colores, colgaban de los árboles, las mesas lucían alegres, con sus pequeños centros de mesa de flores silvestres, arreglados con muchísimo cariño para aquella chiquilla tan especial, mientras que se llenaban de exquisiteces de toda clase: pequeños budines, emparedados con todo tipo de relleno, pequeñas empanaditas de copetín, con relleno de carne y de pollo, pinchos de fruta, entre otras exquisiteces, todo coronado por los dos pasteles de chocolate que Mariela había preparado durante aquella mañana. Y sobre aquella mesa redonda se apilaban los regalos para Lucía, todos ellos envueltos en bellos y alegres papeles, decorados con enormes moños....
A su regreso, Mariela la recibió con un cálido y cariñoso abrazo:
- ¡Feliz Cumpleaños pequeña! - sonrió al ver la carita de sorpresa de aquella niña, le acarició sus hermosos rizos - creo que hay varias sorpresas a descubrir, ¿por que no vas a investigar..., por ejemplo detrás de aquellos abetos? - y dirigiéndose a sus amiguitos prosiguió - si desean pueden acompañarla en esta aventura....
Pronto se escuchó la risa diáfana y clara, tan inconfundible de Lucía, y cuando volvió a aparecer su rostro resplandecía de felicidad, empujaba su pequeño tesoro con un enorme orgullo, y ya estaba por echarse en brazos de Mariela, cuando ésta, adivinando la intención de la pequeña, le dijo por lo bajo:
- Pequeña, es un regalo de Fernando, es a él que le debes agradecer
La emoción de aquella niña fue tan grande que no fue capaz de agradecer con palabras aquel regalo tan especial, pero a Fernando le bastó ver aquella expresión de enorme felicidad y aquellos ojos azules como el cielo, ahora húmedos, que lo observaban con enorme gratitud.
Aquella fue una tarde en la que la alegría invadió cada rincón de aquel lugar: los niños jugaban encantados y se divertían enormemente, mientras que los grandes los observaban felices. Demás está decir que las exquisiteces culinarias de Mariela habían tenido una enorme repercusión, los dos grandes vencedores eran, por un lado los dos pasteles de chocolate, y por el otro las bellas copas de helado que había preparado con tanto cariño. Ya entrada la noche, y después de un día lleno de grandes emociones, una agotada niña se dormía feliz, viajando a un mundo mágico y fantástico de los sueños......




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