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martes, 13 de marzo de 2012

Encuentro Sorpresivo (12)

ENCUENTRO SORPRESIVO (12)






Amanecía lenta y majestuosamente sobre París. La  bella e inconfundible ciudad luz aun estaba sumida en un profundo sueño nocturno, sus calles, avenidas, plazas y boulevares, rodeados de una atmósfera única y misteriosa, aun eran alumbradas por la luz de los faroles. En la lejanía del horizonte tímidamente comenzaba a asomar el primer haz de luz de un nuevo amanecer. Aquí y allá aun se podían divisar la brillantez de las estrellas y más hacia el horizonte aun era posible observar el  suavísimo resplandor de la poniente luna.., y, aunque había disfrutado de muchos amaneceres a lo largo de mi vida, los amaneceres parisinos eran muy distintos y especiales y se destacaban, sin lugar a dudas, de todos los demás. 


Regresé silenciosamente a la habitación y me dirigí a uno de los dos cómodos sillones que la adornaban, donde descansaba mi atuendo de aquel día.., una pollera negra con flores medianas anaranjadas, amarillas y lilas y una blusa color marfil..., ya estaba por desaparecer hacia la cocina cuando:


- Buenos días Cariño - me volví sobre mis talones y te regalé mi mejor sonrisa al contestar:


- ¡Tesoro!..., creí que aun estabas profundamente dormido - me senté a la orilla de la cama, te besé largo y tendido y agregué: - ya estaba por desaparecer en la cocina para despertarte con el inconfundible aroma de un café recién preparado, sin olvidarme de otras exquiciteses, por supuesto....


Tu respuesta llegó después de un pequeño silencio: -  ¡Grandiosa idea!, justo lo que es necesito después de una larga noche especial....  - con una sonrisa de placer desaparecí finalmente en la cocina.






El día era realmente espectacular para desayunar al aire libre y en contacto con la naturaleza. Me dirigí a la mesa de madera maciza que se encontraba debajo de un enorme y añejo árbol y mientras tarareaba por lo bajo la melodía de La Bohéme,  la comencé a llenar de un sinfín de exquiciteces: una enorme cesta de frutas de estación: bananas, manzanas, piña, ciruelas, uvas y melocotones, mermeladas, miel, baguettes crujientes, recién salidos del horno..., y las inconfundibles e irresistibles croissants, eran solo una pequeña parte de aquel desayuno real que estábamos a punto de degustar. 


Mientras saboreábamos de nuestro exquisito y muy nutritivo desayuno, intercambiamos, como siempre, algunas impresiones de lo que habíamos vivido el día anterior, además de intercambiar ideas y sugerencias nuevas que luego poníamos en práctica  durante los días subsiguientes.


- Cariño, desearía volver a visitar el Louvre, tu ves - hice una pequeña pausa mientras nos servía una segunda taza de café - es un lugar maravilloso, y además todavía nos quedan un sinfín de cosas por ver y admirar....


- Buena idea, aunque tendremos que visitarlo unas cuantas veces más entonces, pues la colección expuesta es enorme y tan multifacética....


Sonreí anres de proseguir: - y además Tesoro deseo volver allí porque tengo la intención de redactar algo especial y único sobre el Louvre muy pronto..., 






Al llegar nos encontramos con la característica fila de turistas que esperaban pacientemente para poder acceder a sus salas. Mientras esperábamos observé aquella magnífica construcción: el Louvre había comenzado su historia, no como museo, sino como fortaleza defensiva y residencia real, para finalmente convertirse en el Museo más famoso del mundo entero. 


Nos habíamos decidido por visitar la colección de pintura, de escultura y, si quedaba tiempo, algo de aquella de  artes orientales, disfrutando de cada obra de arte, de cada escultura de manera especial, mientras, por lo bajo, intercambiábamos alguna que otra idea al respecto, y mientras caminábamos por aquellos salones palaciegos y elegantes mi mente se comenzó a llenar de un sinfín de detalles que posteriormente volcaría sobre papel....


Finalmente fueron nuestros estómagos los que nos señalaron el camino a seguir, nuestros pasos nos condujeron con total naturalidad nuevamente a casa, cuando, de repente:


- ¡Que alegría encontrarlos por estas encantadoras calles de París! ¿Como están los tortolitos más famosos de esta ciudad? - la inconfundible voz de Ana interrumpió subitamente nuestro intercambio de ideas y opiniones de aquella visita al Louvre.


- ¡Ana!...., Pero que alegría, ¿cómo estás?, hace mucho que no nos vemos


- Pues estoy, como siempre, ocupadísima, y llena de nuevos proyectos... ¿Quieren escucharlos o están demasiado ocupados con otras actividades?.....


- ¡Ana no seas mala!..., para los amigos siempre tenemos tiempo, ven, vamos a casa y mientras almorzamos juntos  nos cuentas - la animamos al unísono






Después de degustar y disfrutar de un plato liviano y nutritivo, y, mientras nos deleitábamos con unos exquisitos Crepes Suzettes, preguntamos:


- Cuéntanos Ana..., -  ¿que nuevo proyecto tienes en mente?


- Hace algunos días me di un paseo por la Place du Tetre, en Montmartre - comenzó - y, entre tantas personas (potenciales artistas de los cuales solo algunos pocos lograrán dar el gran salto), me ha impactado el trabajo de  un joven, Michel Teval, quien realmente tiene un gran potencial y un enorme talento. - Después de una pausa prosiguió - Tan impactada quedé con su trabajo que me di a conocer..., al encontrarlos a ustedes acababa de estar en su pequeño estudio..., y le propuse organizarle su primera exposición, por supuesto en mi galería..., en unas dos semanas. 


No pude menos que sonreir al contestar - Felicitaciones Ana!!! Siempre es un riesgo promocionar a un joven y potencial artista, pero es la única manera de que esos jóvenes se puedan comenzar a desarrollar realmente como artistas futuros, y además la vida está llena de riesgos y desafíos a tomar y a superar para seguir avanzando.....












- Tienes razón Mónica - me sonrió, y observando su reloj se levantó: - ha sido una preciosa tarde, pero debo seguir camino.., desde ya están invitados a la inauguración....


- Allí estaremos Ana, lo prometemos - la tranquilizamos sonrientes


Después de la partida de Ana comencé a leer Germinal de Émile Zola, había llegado a la cuarta hoja cuando: 


- Cariño... ¿que te parece asistir a un concierto en la Sainte Chapelle?


Totalmente sorprendida levanté la mirada de mi lectura..,y, mientras el libro caía al suelo con total naturalidad, contesté:


- Tesoro..., cualquier propuesta que venga de tu parte es una maravilla.., y digna de vivir, experimentar..., y disfrutar en su totalidad. ¿Conoces el programa?


- Del programa solo te diré que es variado..., y que comenzará con las Cuatro Estaciones de Vivaldi


Aquel concierto fue, naturalmente, una maravilla, no solo por encontrarnos en uno de los lugares más bellos de París, sino también por poder admirar personalmente de aquella maravilla que es la Sainte Chapelle, de sus colores, de su grandiosidad, de su majestuosidad, y finalmente (y siempre será lo más importante) porque teníamos la posibilidad preciosa de disfrutarlo juntos, algo especial y único..., tan especial y tan único como lo fueron nuestros sentimientos, sensaciones, necesidades y deseos, que una vez más se expresaron con total libertad, alegría y pasión.





















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