Sentada en aquella galería tan especial, Mariela disfrutaba de aquel momento mágico del día, en el que el sol comienza a pintar, con su dorado fulgor, cada rincón de la naturaleza, logrando resaltar aquella variedad enorme de matices de cada uno de ellos. Aquí y allá se comenzaba a observar la incipiente presencia del otoño: los tonos verdes comenzaban a mutar hacia los típicos tonos otoñales: en la lejanía, las hojas de los árboles que formaban aquella elegante alameda, ya lucían en su vestimenta otoñal en todas sus variantes bien intensos, y la playa, que durante el verano había lucido tan alborotada de gente, ahora estaba casi desierta, los primeros vientos fríos no dejaban lugar a dudas de que el verano había tocado a su fin.
Silenciosamente, y creyendo que Lucía aun dormía dirigió sus pasos hacia su habitación cuando escuchó un grito de dolor, procedente de la cocina: allí se encontró con Lucía que, bañada en lágrimas, trataba infructuosamente de parar el sagrado de su pequeño dedo índice.
- Pequeña no llores - suavemente le comenzó a secar las lágrimas - ¿no me quieres contar que ha sucedido?, - preguntó, mientras que comenzaba a desinfectar la herida, que, finalmente dejó de sangrar.
Aun con los ojos húmedos la chiquilla contestó: - estaba tratando de cortar una manzana por el medio, cuando.., trató de explicar, aunque no le fue posible proseguir. Suave pero seriamente Mariela se dirigió a la pequeña:
- Chiquilla traviesa, ¿cuantas veces te dije que no toques los cuchillos de la cocina? Son demasiado peligrosos para una niña tan pequeña como tu, y aun nosotros los adultos tenemos que cuidarnos mucho de ellos - dijo mientras terminaba de vendar el pequeño dedo índice de Lucía - y viendo que las lágrimas volvían a aparecer, agregó sonriendo - vamos pequeña, el desayuno te está esperando, y luego daremos un pequeño paseo
Mientras se ponía su abrigo recordó los hechos de los últimos meses. Poco tiempo antes del cumpleaños de Lucía había tomado la decisión de adoptar a la pequeña, y, hacía apenas unos días atrás, había comenzado con los trámites formales para su adopción, después de haber superado algunos inconvenientes (como ser la aparición sorpresiva de los tíos de Lucía), aun recordaba aquella conversación que tuvieron en el despacho de Sandra:
- Le estamos muy agradecidos que se quiera hacer cargo de Lucía - había dicho Norma, su tía - aunque ya verá que no es sencillo lidiar con una chiquilla como ella, además, sinceramente nuestra vida está llena de vivencias interesantes y no tenemos tiempo para ocuparnos de educar a la niña...
Mariela había observado a aquella mujer con detenimiento, sin comprender, y menos justificar la frialdad y el desdén de aquellas palabras. Con la mayor tranquilidad había respondido lo siguiente:
- Lucía es una niña encantadora que jamás me ha dado trabajo alguno, es bastante obediente, dulce y, en ocasiones, un poco traviesa, como todos los niños de su edad. Admito que educar a una niña es todo un desafío, pero con cariño, amor, comprensión y algo de firmeza en momentos delicados, se puede llegar a buen puerto
- Cambiará de opinión cuando comience la escuela y se junte con sus amiguitos - trató de razonar la tía - verá como se transforma en otra persona....
- Los seres humanos no estamos hechos para vivir en soledad, relacionarnos con los demás es una buena manera de comenzar a abrir el abanico social - sonrió - Lucía ha hecho, en tan corto tiempo, amistades nuevas, con las cuales se lleva a las mil maravillas y comparte con ellos tardes enteras de juegos y aventuras.
- ¿Como se puede hablar con tato desdén de una niña tan maravillosa Sandra? - había preguntado antes de emprender el viaje de regreso - ¿y como se puede tener algo más importante en mente que guiar y educar a un niño, quien de adulto tendrá la difícil tarea de ayudar, desde su lugar, al progreso y desarrollo de la humanidad?
- Lo ignoro Mariela, probablemente se trate de una mujer amargada con la vida misma - observó a su amiga antes de continuar - Te llamo en unos días para informarte de las novedades concernientes a la adopción, ¿te parece?
- ¡Perfecto Sandra! - miró su reloj y sonrió - discúlpame, pero debo regresar, una pequeña niña probablemente se esté preguntando en donde estoy, aunque.....
- Aunque también es posible que esté viviendo unas fabulosas aventuras con sus amiguitos, ¿verdad? - rió alegremente Sandra - los niños tienen el don de sorprendernos constantemente....
Sonriendo volvió a la realidad, al ver a Lucía junto a la puerta, quien vestida con su precioso abrigo celeste preguntó:
- ¿Vamos a pasear?..., me lo prometiste
Mariela abrazó efusivamente a la niña - ¡por supuesto que iremos a pasear! - le sonrió cariñosamente - iremos al pueblo, sabes - observó a la chiquilla que, con grandes ojos la observaba - una niña muy especial comenzará muy pronto a asistir a la escuela, y para ello necesita de algunos útiles, cuadernos, lápices, un bolígrafo, etc, - la tomó de la mano, estaba por cerrar la puerta, cuando sonó el teléfono:
- ¿Mariela?, es Juan - la voz del joven sonaba alegre - ¿recuerdas aquella invitación a navegar? ¿Por que no me acompañan mañana, sábado a la tarde, a realizar un pequeño paseo por las hermosas aguas de nuestro mar?
- ¿Mañana? - la joven dudó por unos instantes - Juan, la temporada veraniega ya ha terminado y los días ya son considerablemente más frescos - trató de ordenar sus ideas - no existe nada más hermoso que estar sobre cubierta al navegar, dejándose calentar por los rayos del sol y con el viento en la cara - volvió a detenerse, al observar la mirada de entusiasmo de la pequeña, era imposible resistirse a aquel candor - de acuerdo Juan, aceptamos encantada la invitación
- Gracias Mariela, mañana las vendré a buscar a eso de las dos de la tarde, no olviden sus abrigos, les prometo que la pasarán de maravilla.
Mano en mano comenzaron a transitar el especial camino, lleno de exuberante vegetación y hermosas flores, que conducía al pueblo. Una nueva etapa en la vida de ambas estaba a punto de comenzar, una etapa llena de aventuras, novedades y muchísimas sorpresas.....
Silenciosamente, y creyendo que Lucía aun dormía dirigió sus pasos hacia su habitación cuando escuchó un grito de dolor, procedente de la cocina: allí se encontró con Lucía que, bañada en lágrimas, trataba infructuosamente de parar el sagrado de su pequeño dedo índice.
- Pequeña no llores - suavemente le comenzó a secar las lágrimas - ¿no me quieres contar que ha sucedido?, - preguntó, mientras que comenzaba a desinfectar la herida, que, finalmente dejó de sangrar.
Aun con los ojos húmedos la chiquilla contestó: - estaba tratando de cortar una manzana por el medio, cuando.., trató de explicar, aunque no le fue posible proseguir. Suave pero seriamente Mariela se dirigió a la pequeña:
- Chiquilla traviesa, ¿cuantas veces te dije que no toques los cuchillos de la cocina? Son demasiado peligrosos para una niña tan pequeña como tu, y aun nosotros los adultos tenemos que cuidarnos mucho de ellos - dijo mientras terminaba de vendar el pequeño dedo índice de Lucía - y viendo que las lágrimas volvían a aparecer, agregó sonriendo - vamos pequeña, el desayuno te está esperando, y luego daremos un pequeño paseo
Mientras se ponía su abrigo recordó los hechos de los últimos meses. Poco tiempo antes del cumpleaños de Lucía había tomado la decisión de adoptar a la pequeña, y, hacía apenas unos días atrás, había comenzado con los trámites formales para su adopción, después de haber superado algunos inconvenientes (como ser la aparición sorpresiva de los tíos de Lucía), aun recordaba aquella conversación que tuvieron en el despacho de Sandra:
- Le estamos muy agradecidos que se quiera hacer cargo de Lucía - había dicho Norma, su tía - aunque ya verá que no es sencillo lidiar con una chiquilla como ella, además, sinceramente nuestra vida está llena de vivencias interesantes y no tenemos tiempo para ocuparnos de educar a la niña...
Mariela había observado a aquella mujer con detenimiento, sin comprender, y menos justificar la frialdad y el desdén de aquellas palabras. Con la mayor tranquilidad había respondido lo siguiente:
- Lucía es una niña encantadora que jamás me ha dado trabajo alguno, es bastante obediente, dulce y, en ocasiones, un poco traviesa, como todos los niños de su edad. Admito que educar a una niña es todo un desafío, pero con cariño, amor, comprensión y algo de firmeza en momentos delicados, se puede llegar a buen puerto
- Cambiará de opinión cuando comience la escuela y se junte con sus amiguitos - trató de razonar la tía - verá como se transforma en otra persona....
- Los seres humanos no estamos hechos para vivir en soledad, relacionarnos con los demás es una buena manera de comenzar a abrir el abanico social - sonrió - Lucía ha hecho, en tan corto tiempo, amistades nuevas, con las cuales se lleva a las mil maravillas y comparte con ellos tardes enteras de juegos y aventuras.
- ¿Como se puede hablar con tato desdén de una niña tan maravillosa Sandra? - había preguntado antes de emprender el viaje de regreso - ¿y como se puede tener algo más importante en mente que guiar y educar a un niño, quien de adulto tendrá la difícil tarea de ayudar, desde su lugar, al progreso y desarrollo de la humanidad?
- Lo ignoro Mariela, probablemente se trate de una mujer amargada con la vida misma - observó a su amiga antes de continuar - Te llamo en unos días para informarte de las novedades concernientes a la adopción, ¿te parece?
- ¡Perfecto Sandra! - miró su reloj y sonrió - discúlpame, pero debo regresar, una pequeña niña probablemente se esté preguntando en donde estoy, aunque.....
- Aunque también es posible que esté viviendo unas fabulosas aventuras con sus amiguitos, ¿verdad? - rió alegremente Sandra - los niños tienen el don de sorprendernos constantemente....
Sonriendo volvió a la realidad, al ver a Lucía junto a la puerta, quien vestida con su precioso abrigo celeste preguntó:
- ¿Vamos a pasear?..., me lo prometiste
Mariela abrazó efusivamente a la niña - ¡por supuesto que iremos a pasear! - le sonrió cariñosamente - iremos al pueblo, sabes - observó a la chiquilla que, con grandes ojos la observaba - una niña muy especial comenzará muy pronto a asistir a la escuela, y para ello necesita de algunos útiles, cuadernos, lápices, un bolígrafo, etc, - la tomó de la mano, estaba por cerrar la puerta, cuando sonó el teléfono:
- ¿Mariela?, es Juan - la voz del joven sonaba alegre - ¿recuerdas aquella invitación a navegar? ¿Por que no me acompañan mañana, sábado a la tarde, a realizar un pequeño paseo por las hermosas aguas de nuestro mar?
- ¿Mañana? - la joven dudó por unos instantes - Juan, la temporada veraniega ya ha terminado y los días ya son considerablemente más frescos - trató de ordenar sus ideas - no existe nada más hermoso que estar sobre cubierta al navegar, dejándose calentar por los rayos del sol y con el viento en la cara - volvió a detenerse, al observar la mirada de entusiasmo de la pequeña, era imposible resistirse a aquel candor - de acuerdo Juan, aceptamos encantada la invitación
- Gracias Mariela, mañana las vendré a buscar a eso de las dos de la tarde, no olviden sus abrigos, les prometo que la pasarán de maravilla.
Mano en mano comenzaron a transitar el especial camino, lleno de exuberante vegetación y hermosas flores, que conducía al pueblo. Una nueva etapa en la vida de ambas estaba a punto de comenzar, una etapa llena de aventuras, novedades y muchísimas sorpresas.....




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