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sábado, 22 de septiembre de 2012

La mirada de Lucía (8)


Amanecía lentamente, y los primeros y siempre especiales rayos de sol comenzaban a iluminar aquel precioso lugar, resaltando, de esa manera su belleza aun más. A lo lejos se podían observar el turquesa de las olas del mar, que iluminadas por el sol, las hacía brillar en todo su esplendor. Una joven figura femenina había abierto la puerta de aquella casa tan particular, y con una gran naturalidad se dirigió a la mesa de roble, que ahora se encontraba en su lugar invernal, la gran galería. Se detuvo un instante para disfrutar de aquella vista hermosa que se desplegaba ante sus ojos. El color otoñal de las hojas de los árboles anunciaba el final de la estación estival, y la explosión de intensos colores transformaba aquel bosque circundante en una sinfonía de tonos rojos, marrones y amarillos en todas sus variantes. Un día otoñal radiante los esperaba, perfecto para navegar.....,terminó de preparar una pequeña merienda para degustar en la excursión, y estaba por dirigirse a la habitación de Lucía, cuando ésta apareció corriendo para lanzarse en brazos de Mariela: 

- ¡Pequeña buenos días! - sonriendo continuó, mientras la sostenía suavemente de los hombros: - ¿a donde vas con tanta prisa? 

Lucía, con la alegría pintada en su pequeño rostro, contestó: - ¡A navegar!

Mariela rió con ganas, mientras la abrazaba: - Chiquilla bonita, todavía falta un tiempo para ello..., mira - señaló a su alrededor - el sol recién acaba de salir, todavía tenemos toda la mañana por delante para realizar otras actividades interesantes, quizás algún juego, etc,  - trató de explicar a la pequeña - tengo una idea - sonrió - ¿qué te parece si llamamos a tus amiguitos?, verás como en su compañía el tiempo pasará volando - no había terminado de hablar, cuando sonó el timbre de casa, y al abrir se encontraron con Pablo y Alejandra:

- Como sabemos que a Lucía le encantan los animales, la venimos a buscar para que nos acompañe a una reserva natural, llena de plantas, flores y animales para pasar  un agradable rato juntos - la pequeña Alejandra no pudo terminar de hablar, fue Lucía, con el entusiasmo vivo pintado en su rostro, quien la interrumpió, dirigiéndose a Mariela: 

- Me encantaría ir..., ¿me dejas?

La joven le acarició aquellos hermosos rizos - por supuesto pequeña - se dirigió a Alejandra - la única condición es que esté de regreso al mediodía - y los observó sonriendo mientras que se alejaban caminando, hasta desaparece completamente. 




Los niños apenas habían desaparecido en el horizonte, cuando sonó el teléfono: 

- ¿Mariela?, buenos días, habla Juan - la voz del joven denotaba alegría - me preguntaba si acaso es posible adelantar un poco nuestra salida,  ya que el día está precioso y la temperatura es ideal para navegar, además - hizo una pequeña pausa - conociéndola un poco a Lucía pensé....

Mariela había escuchado con gran atención las palabras de su amigo, y aprovechando aquella pequeñísima pausa en sus palabras contestó: - Juan eres un encanto de persona, y un gran amigo, aunque me temo que no podremos adelantar la excursión, ya que Lucía se acaba de ir de paseo con sus amiguitos a una reserva natural y recién regresa al mediodía.

- ¡Que pena! Estaba por salir a buscarlas en media hora, aunque antes, por supuesto pensaba avisar- mientras hablaba, Mariela se lo imaginaba a vivos colores - bueno en ese caso - prosiguió ya repuesto - vendré por ustedes alrededor de las 2 de la tarde, tal como habíamos convenido.

- Te esperamos entonces Juan, -  la joven ordenó rápidamente sus ideas - no te preocupes por la merienda , he preparado una cesta llena de exquisiteces para los tres.

- Mmmmm....., conociendo tus dotes culinarios  ya se me hace agua la boca, dime - preguntó de manera pícara y divertida - ¿no habrá manera de saber lo que hay allí dentro..., por adelantado?

Mariela se echó a reir - de ninguna manera -  el joven escuchó la alegre voz de su amiga entre risas - sería un peligro darlo a conocer ahora, me temo Juan que tendrás que esperar un poco..., mientras tanto ¿por que no echas mano de tu imaginación? Quizás ella te ayude a dilucidar el tema..., por lo menos un poquito.

Pensativamente cruzó el comedor hasta llegar a la gran galería. Conocía a Juan desde hacía un par de años, desde que se había mudado al pueblo. Era una persona maravillosa e incondicional, siempre dispuesto a tender una mano y poner el hombro si era necesario, y con quien siempre la pasaba de maravillas, aunque también era cierto que, especialmente desde la aparición de Lucía, sus encuentros habían quedado un poco relegados. Estos paseos eran pues una excelente oportunidad para   comenzar a reactivar su amistad. 



Entre varias actividades recreativas, como la lectura de un interesante libro que le habían recomendado sus amigos, acompañada por un poco de música, las horas de la mañana pasaron muy de prisa, y antes de que se diera cuenta, una entusiasmada niña, volvía de su paseo matinal, con ojos brillantes y mejillas sonrosadas.

- Tranquilízate pequeña - Mariela había servido un ligero y nutritivo almuerzo - debes de reponer energía antes de aventurarte a una segunda aventura hoy a la tarde - sonrió - como veo has pasado una mañana preciosa, ¿Cómo te ha ido? Cuéntame..... -  y la niña comenzó a contar, con lujo de detalles, las vivencias y aventuras vividas durante aquella mañana tan fascinante, con gracia y mucho entusiasmo. Finalmente fue Mariela quien comentó: 

- Me alegro que lo hayas pasado de maravillas en tu paseo, Lucía - se levantó de la mesa - pronto llegará Juan pequeña. ¿Por que no pasas por tu habitación? Te preparé unos tres atuendos para la excursión de hoy a la tarde, elige el que más te gusta..., ¿o quizás desees combinar los tres y convertirlos en un nuevo conjunto? 

Apenas habían terminado de prepararse, cuando sonó el timbre de casa: 

- Vengo a buscar a dos damas para realizar una hermosa excursión en barco, si me quieren acompañar - le sonrió a Lucía - esa ropa te queda hermosa pequeña - al levantar la mirada quedó totalmente encantado por la hermosura de Mariela, que le sonreía feliz, y mientras lo besaba en la mejilla: 

- Me parece que será una tarde inolvidable Juan ¿tu que opinas? -

Al joven le era imposible responder, por lo que la tomó de la mano, y en silencio, los tres se dirigieron hacia la playa, que, a esta época del año estaba casi desierta. A lo lejos en el horizonte se divisaban algunas embarcaciones, aquí y allá algún que otro barco a vela. Finalmente llegaron al embarcadero. Un reluciente y orgulloso Capitán de los Siete Mares los estaba esperando para llevarlos a vivir una tarde de intensas vivencias.....












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