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viernes, 22 de junio de 2012

La mirada de Lucía



Amanecía lentamente, y como todos los días Juan había llegado temprano al pequeño puerto, en donde descansaban las distintas embarcaciones (veleros, barcos de pesca, ect), para comenzar con sus labores cotidianas de controlar su normal funcionamiento. Se detuvo en medio de la playa  para aspirar aquel aire marino tan singular, de aquella vista única y de la quietud y tranquilidad que aun era posible de disfrutar, a tan temprana hora, todo ello acompañado por la suave y refrescante brisa marina, y el especial sonido de las olas. Se dirigió a su pequeño taller, y, después de haberse servido una segunda taza de café, comenzó con sus controles habituales detallados de cada una de aquellas embarcaciones. 


Mientras tanto el sol ya había ganado en fuerza y luminosidad, y la playa comenzaba a llenarse lentamente de gente, y, en particular, de turistas que disfrutaban de sus vacaciones, y pronto el aire se comenzó a llenar con aquel bullicio tan característico de los días de verano: niños jugando a la pelota, construyendo castillos de arena, o buscando caracoles en la arena..., adolescentes que disfrutaban de sus primeras vacaciones a solas, parejas que paseaban, tomados de las manos, a la orilla del mar, y los característicos grupos de amigos que se juntaban para disfrutar del día, hablar e intercambiar opiniones sobre temas cotidianos, todo ello sin olvidar la tarea constante  de los salvavidas que, atentos a todo lo que sucedía, siempre estaban preparados a entrar en acción inmediatamente. Juan sonrió: todo aparentaba estar bajo control, sin sobresaltos, como cualquier otro día...


La mañana pasó sin grandes sobresaltos, pequeñas nubes surcaban el firmamento, y aquella suave brisa marina se había intensificado un poco, aunque no logró  atenuar el ardiente calor de los rayos de sol que cada vez se intensificaba más, siendo el mar el lugar ideal para refrescarse, y nada hacía prever un cambio brusco de tiempo, especialmente a muy corto plazo, los meteorólogos habían previsto tormentas..., de aquí a cinco días....


Pero la naturaleza tiene sus propias reglas al respecto, es así, que a mitad de la tarde comenzó a soplar un viento lo suficientemente intenso como para cerrar el puerto por prevención, nubes amenazantes comenzaron a cubrir el firmamento. Al regresar por el camino que lo llevaba hasta su casa, y aun a la orilla del mar, divisó a una pequeña niña, completamente sola, que trataba de alcanzar una pequeña pelota que se le había caído a las ya bastante turbulentas aguas: 


- Hola pequeña ¿te puedo ayudar? - Juan se había acercado a la niña que aun estaba tratando de alcanzar aquella pelota, al darse cuenta de ello, prosiguió: - espera, el mar está demasiado peligroso para una niña como tu, te la alcanzaré en seguida - al entregarle su pequeño tesoro en mano, siguió preguntando: 


- ¿Cómo te llamas pequeña? 




La pequeña levantó su rostro hacia Juan, sus grandes ojos celestes parecían ser el reflejo del mismísimo cielo, sus rizos castaño (entre claro y oscuro) otorgaban a aquel rostro una belleza singular y una delicadeza especial, respondió:


- Lucía


Juan sonrió - ¡Pero que bonito nombre! - exclamó - Dime Lucía ¿que haces tu solita en la playa cuando se acerca una tormenta? Una niña tan pequeña como tu debería estar en casa con sus padres......


Súbitamente aquellos ojos tan hermosos y especiales se comenzaron a llenar de lágrimas, y con voz temblorosa contestó:


- No tengo mamá ni papá...., y de ello hace mucho tiempo.....


Súbitamente se oyó el sonido de un trueno ya no tan lejano. Juan comprendió que era hora de abandonar aquel lugar, se dirigió a la pequeña:


- Lucía, en minutos llegará la tormenta, debemos irnos en seguida - decidido la alzó en brazos, y mientras que se alejaba rápidamente de aquel lugar comentó:


- Pequeña, por hoy a la noche te quedarás en mi casa, mañana te llevaré a la central de los salvavidas, ellos sabrán como llegar a contactarse con tus padres - los ojos de Lucía volvieron a humedecerse al contestar: - No tengo ni mamá ni papá..., se han ido hace mucho tiempo ya.....








Después de aquella cena tan distinta, y tan inusual, y después de haber acostado a la pequeña, se dirigió al teléfono para llamar a una de sus amigas: 


- Mariela, es Juan, ¿tienes tiempo para charlar?


- ¡Por supuesto! fue la alegre respuesta de la muchacha - para tí siempre tengo tiempo Juan, ¿Que sucede? 


Detalladamente Juan le relató lo sucedido aquella tarde. Mariela había escuchado con suma atención, con tranquilidad comentó:


- Juan, posiblemente los padres de Lucía hayan fallecido, o peor aun la hayan abandonado, tu sabes que los niños tienen maneras especiales de decir, de relatar hechos sucedidos


- No creo que la hayan abandonado Mariela, está bien vestida y parece cuidada y bien alimentada


- Pues entonces debe de vivir quizás con padres sustitutos..., o en una institución donde la cuiden bien, espera - se detuvo por un instante - ¿que te parece si los acompaño mañana a la mañana hasta el refugio de los salvavidas? , por lo que me has contado es un primor de niña, tengo lugar suficiente para ella hasta que se haya aclarado el tema.


- Eres maravillosa Mariela - Juan estaba entusiasmado - pero creo que será mejor que nos esperes en el cuartel central de los salvavidas directamente, avisaré que comenzaré con mi trabajo un rato más tarde, gracias!!


- Hasta mañana Juan ¿te parece bien a las 8:00 de la mañana?


- ¡Perfecto Mariela, allí estaremos






A la mañana siguiente, y mientras que se dirigían a la central del cuartel de salvavidas, Juan preparó a la pequeña para el encuentro con Mariela:


- Sabes Lucía - le sonrió - Mariela, una amiga nos está esperando en la central, si te agrada, y te parece bien, ella se ocupará de tí,  una joven con ojos color esmeralda y pelo negro los estaba esperando, al verlos se levantó:  


- ¡Juan que alegría verte! - lo besó en la mejilla, luego se agachó y sonriente y dulcemente dijo: - y tu debes de ser Lucía ¿verdad? Me alegro de conocerte, soy Mariela....


- ¡Fernando!, un gusto volver a verte - un joven salvavida les dio la bienvenida, y mientras los acompañaba hacia las oficinas, Juan continuó: - aquí te traigo a mi amiga Lucía, quizás ustedes puedan ayudarnos...


- Ayudar es lo que mejor hacemos Juan - Fernando sonrió - pero antes debemos de conocer la historia, -  y Juan, una vez más,  contó detalladamente lo sucedido el día anterior.


- Trataremos de investigar a fondo el tema Juan - Fernando observó a la niña que jugaba con una muñeca que le habían regalado hace instantes - en realidad, deberíamos entregarla a una institución hasta que se aclare el tema y sepamos lo que sucedió con sus padres, aunque - se dirigió a Mariela - siempre es mejor que se quede en casa de una persona que realmente la cuide y la contenga - hizo una nueva pausa - sabes que no será un tema sencillo Mariela, ¿verdad? 


- Soy perfectamente consciente de ello Fernando - la joven sonrió - pero estoy dispuesta a tender una mano y a ayudar en lo que pueda a esta pequeña - Fernando se dirigió al teléfono - entonces haré un par de llamadas Mariela - al finalizar con ellas sonrió ampliamente: - Todo arreglado, puedes llevarte a la pequeña momentáneamente, Mariela


Y desde las oficinas centrales Juan y Fernando observaron como las figuras de Mariela y Lucía se alejaban cada vez más hasta desaparecer por completo en el horizonte..., lo que ninguno de ellos sabía es que la presencia de Lucía iba a cambiar no solo sus pensamientos, sino también sus vidas de manera drástica y total....















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