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viernes, 29 de junio de 2012

La mirada de Lucía (2)


Desde la cocina, y mientras preparaba un delicioso y nutritivo desayuno, Mariela escuchaba la alegre risa de la pequeña, que feliz correteaba por el jardín, deteniéndose de vez en cuando para admirar una flor, algún que otro pájaro y las tantísimas mariposas y abejas que día a día  se acercaban a las flores para llenarse de aquel néctar que luego convertirían en una deliciosa y dulce miel. 

Desde aquella amplia galería que rodeaba todo su perímetro se disfrutaba de una vista incomparable y especial de la playa, pudiéndose escuchar incluso el sonido del mar. Algunos árboles, ya bastante añejos, proporcionaban la suficiente sombra para protegerse del intenso calor veraniego. Mariela se dirigió a una mesa maciza de madera que se encontraba debajo de un enorme álamo, depositando una enorme jarra de chocolate bien frío, y una cesta de panes crujientes y frescos. Estaba por llamar a Lucía, cuando la niña apareció corriendo:


- Lucía, es hora de desayunar - Mariela  le había servido una taza de delicioso chocolate, y sobre el plato descansaban dos pedazos de pan con miel, observó los rosados cachetes de la niña y sonrió - no me sorprende que tengas tanto apetito pequeña..., con la energía que gastas a diario - se detuvo por un instante - ¿que te parece si luego vamos un rato a la playa? Es un día precioso e ideal para ello, y quizás incluso podríamos encontrarnos con Juan....


- ¿Podemos buscar caracoles? - preguntó la pequeña, cuyos enormes y bellos ojos azules brillaban con un resplandor especial.


- ¡Seguro! - fue la alegre respuesta - también podríamos refrescarnos en el mar y  construir bellos castillos de arena, por ejemplo - Mariela abrió su bolso y sacó un pequeño estuche de cuero, y mientras que lo abría prosiguió - he encontrado varias decoraciones que podríamos tener en cuenta para hacerlo aun más precioso, mira - como por arte de magia aparecieron pequeñas decoraciones: banderas diminutas, molinos de papel, guirnaldas, algunos soldaditos de juguete, etc, recuerdos de infancia de los cuales no se había podido separar, y que volvían a ganar un gran protagonismo. 






Arribaron a la playa, que ya estaba bastante colmada, a mitad de la mañana, y encontraron un lugar óptimo para instalarse: se trataba de un área lo suficientemente tranquilo y exclusivo, llena de familias con niños de todas las edades,  con una suave corriente que era lo suficientemente segura para que los niños pudieran meterse y disfrutar de las claras y siempre diáfanas aguas. 


- Puedes ir hasta la orilla del agua Lucía, - Mariela sonrió - quizás encuentres bellas conchas..., o cualquier otro tesoro similar


Mientras la pequeña se juntaba con otros niños para tal gratificante tarea, Mariela abrió una  silla playera que siempre la acompañaba, se calzó sus anteojos de sol y sacó un pequeño libro de lectura ligera que solía llevar consigo prácticamente a todas partes. ¡Que deleite el poder disfrutar de un instante de tranquilidad y ocio! Su vida estaba llena de tareas diversas, y la palabra descanso casi había desaparecido de su vida, aunque todo había comenzado a cambiar con la llegada de Lucía. Volvió a guardar su libro y se levantó: un pequeño baño en las claras aguas del mar era justo lo que necesitaba....


Encontró a Lucía todavía entretenida con la búsqueda de conchas marinas, le sonrió y, mientras que le acariciaba los preciosos rizos, preguntó: 


- ¿Me acompañas al mar pequeña? Un pequeño baño nos vendrá de maravilla para refrescarnos del calor


Encontraron un área no demasiado profunda para Lucía, quien, a sus cinco años, se defendía bastante bien en el agua, aunque Mariela, conociendo los caprichos que las corrientes marinas podían producir, prefirió resguardar la seguridad de la pequeña, y ésta se divertía a lo grande chapotenando en aquella piscina natural que se había formado. 


- ¿No sería un excelente lugar para construir un bello castillo de arena? - Mariela sonrió - incluso podríamos construir una enorme fosa defensiva a su alrededor, como solían hacer en el Medioevo.....






Y pronto se alzó en las blancas arenas un castillo precioso que se destacaba del resto: pues estaba lleno de detalles: una torre de reloj, un puente levadizo , una fosa defensiva, y su bandera, aparte que había sido construido con un enorme cariño.., la niña estaba encantada: 


- ¡Esta es la casa de Marta! - exclamó - buscó a su muñeca, la sentó en la arena y ya le estaba por contar sobre su nueva casa...., cuando llegó una ola y el bello castillo se desplomó con el agua. Los ojos de Lucía se humedecieron: 


- Vamos pequeña - Mariela la levantó en brazos - le volveremos a construir una bella casa a Marta..., pero esta vez de ladrillos de juguete, para que el mar no se lo lleve ¿te parece bien?


Los bellos ojos de la pequeña, todavía húmedos, se iluminaron de alegría - pequeña es hora de pensar en el almuerzo, de seguro que tienes un enorme apetito, si deseas podemos regresar a la playa en otro momento.


Después del almuerzo, y mientras que la pequeña disfrutaba de una reparadora siesta, sonó el teléfono. 


- ¿Mariela? es Fernando - la voz seria del joven no hacía pensar en nada bueno - tengo algunas novedades para compartir contigo. Resulta que los padres de Lucía fallecieron en un accidente de carretera muy grave el año pasado, y la pequeña fue a parar a casa de su abuela paterna (que es el único familiar que aun estaba con vida en aquel instante), aunque la abuela también falleció por problemas cardíacos dos meses después de haberse hecho cargo de la niña - hizo una pausa y luego agregó - aun hay más...








- ¿Aun hay más? - Mariela estaba espantada - me pregunto cuanto sufrimiento más puede soportar un alma de niña...., especialmente tan sensible como lo es Lucía....


- El juzgado de menores encontró, con el tiempo a un matrimonio que se hizo cargo de la pequeña temporalmente.., pero después de tres meses la devolvieron porque era demasiado juguetona....


- Pero un niño tiene que jugar, es su mundo - exclamó Mariela - ¿y después Fernando? ¿Como sigue esta historia?


- Lo ignoro Mariela - Fernando estaba sumamente preocupado - aunque supongo que tarde o temprano aparecerá el juzgado de menores para volver a llevársela y entregarla a otra familia - el joven no pudo proseguir, pues fue interrumpido por la joven, que decididamente exclamó - De ninguna manera Fernando, no permitiré que le vuelvan a hacer daño, es una niña preciosa, alegre y tiene un alma hermosa, y mientras que esté bajo mi cuidado, trataré de que no le vuelvan a hacer daño, ahora discúlpame - la joven suavizó su tono de voz - Lucía acaba de despertarse, nos hablamos en otro momento Fernando.


Mariela se dirigió pensativamente a la habitación de la niña. Su propia vida había estado repleta, especialmente durante los últimos años, de diversas respondabilidades..., de repente se dio cuenta que, en realidad su vida carecía por completo de contenido: tenía un trabajo, se ocupaba de su casa, de sus amigos, asistía a reuniones sociales, conciertos y algunas exposiciones, todo muy bello..., pero, si era totalmente sincera consigo misma, existían muchos momentos en los cuales se sentía bastante vacía..., un pequeño hueco que, lentamente, se estaba llenando de risas, de alegría, y de sentido,  gracias a una preciosa niña con ojos azules y cabello rizado, y con el precioso nombre de Lucía, que había llegado a su vida hace no tanto tiempo atrás, para enseñarle que el verdadero tesoro, aquel que llena todos los huecos de nuestra existencia, se encuentra en el corazón de cada ser humano.....






























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