Aun con los ojos humedecidos por la intensa emoción nos acercamos a la entrada de aquel Palacio Musical, y, antes de traspasar su puerta nos detuvimos brevemente para admirar su tan especial belleza exterior. Aquel teatro, iluminado por los faroles, había sido construido en la época de Napoleón III, por Charles Garnier, (responsable asimismo del Café de la Paix) que se encuentra a metros del Palais Garnier, lucía realmente espectacular, y se destacaba, como una joya brillante del resto de los edificios. Tan compenetrada estaba con aquella vista magnífica que solo tu voz me devolvió a la realidad:
- ¿Vamos Cariño?...,nos espera una noche musical muy bella, a la salida, si deseas, podemos seguir admirándola un rato más.
Me volví hacia tí con mi mejor sonrisa, al contestar: - Discúlpame corazón, es tan bella y especial, simplemente me perdí admirándola....
Los grandes teatros del mundo tienen, cada uno un distintivo especial: El Teatro Colón (Buenos Aires), por ejemplo, es reconocido a nivel mundial no solo por ser uno de los más importantes teatros líricos del mundo, también lo es por su espectacular acústica que ha sido celebrada por cantantes, conjuntos de cámara, diferentes orquestas de renombre mundial y directores de orquesta, que la hacen única. Si el exterior de la Ópera de París es magnífico, el interior lo es aun más: más que un teatro el Palais Garnier es realmente un majestuoso palacio dedicado a la música y a las representaciones escénicas (ballets y óperas). Su gran escalera especialmente iluminada por una gran cantidad de faroles y de luces diversas parece sacado de una historia de aquellas, y los visitantes son llevados automáticamente a aquella época de majestuosidad, lujo y elegancia que caracterizó aquella época. Al subir lentamente sus escalones, no pude más que admirar y aplaudir aquella obra monumental y a todos los que habían tomado parte en su construcción. Chapeau!!!
Aquella sala de espectáculos lucía tan especial como el resto del conjunto. Automáticamente subí la mirada, mis ojos buscaban aquel enorme candelabro tan famoso en el mundo entero, gracias a Gaston Leroux. Una inmensa araña, de unas ocho toneladas de peso, decoraba aquel techo, adornado con pinturas alegóricas a las artes escénicas, por Marc Chagall. Finalmente, y después de grabarme a fuego cada uno de sus detalles en la mente, busqué tu mano, y la besé disimuladamente largo y tendido. Con un hilo de voz, producto de la inmensa emoción, pude decir:
- Gracias por lograr que mis sueños se cumplan, uno a uno. Dime corazón - hice una pequeñísima pausa - ¿que espectáculo tendremos el agrado de presenciar?
- Eso Cariño es a tu inteligencia de dilucidar - fue tu enigmática respuesta.
- Vaya desafío más interesante - sonreí por lo bajo - y después de ordenar rápidamente mis ideas, y estando segura de que se trataba de una ópera, pregunté:
- ¿Acaso se trata de una ópera de Verdi como, por ejemplo La Traviata, Rigoletto, Don Carlos o Il Trovatore? ¿o de una escrita por Puccini?
Tu respuesta no se hizo esperar: - No estamos hablando ni de Verdi ni de Puccini Cariño, es más, no se trata de ninguna de las tantas óperas italianas que existen...,
Mientras que mi mente trabajaba a mil, las luces comenzaron lentamente a apagarse, señal de que el espectáculo estaba a punto de comenzar, y mientras el aplauso cerrado señalaba el inminente comienzo de aquella ópera, dije:
- Entonces, si no se trata de ninguna ópera italiana, y creo saber que tampoco estamos ante la presencia de una ópera alemana, entonces - sostuve tu mirada con total seguridad - entonces solo cabe pensar en una francesa.., ¿Carmen de Bizet, quizás? - tu respuesta fue un apretón de mano, los primeros acordes de la obertura de Carmen comenzaban a inundar aquel lugar.
Asistimos a los dos primeros actos (que iban casi juntos, con una pequeñísima pausa de 10 minutos) con una gran atención, y tanto los decorados, como la orquesta, el coro y la mayoría de los solistas eran espectaculares..., con la excepción del tenor, cuya voz parecía carecer de la potencia necesaria para ser escuchado por la sala hasta el último rincón, ya que su voz era tapada casi por completo, especialmente por las voces solistas femeninas. Por supuesto, dicho acontecimiento nos llamó la atención a ambos, en la gran pausa (de 20 minutos) entre el 2º y 3º Acto, y paseando por el majestuoso foyer preguntaste:
- ¿Que te parece la representación Cariño?, creo que existen algunos puntos más que interesantes para remarcar.
- Totalmente de acuerdo corazón - respondí - en general, y a grandes rasgos es una representación hermosa, digna y especial. Los solistas, el coro y la orquesta son maravillosos, los decorados y el vestuario se adaptan unos a otros exquisitamente, solo - hice una pequeña pausa - solo el tenor, (don José) no se destaca como los demás, su voz parece, a veces, perderse en la sala, especialmente cuando canta en conjunto con los demás....,
Sonreiste abiertamente - veo que has estado muy atenta a los detalles de toda clase, concuerdo contigo. Ven, está por comenzar la segunda parte en minutos.
Disfrutamos enteramente de la totalidad de aquella segunda parte de Carmen, y, nos pareció a ambos que la voz de Don José se escuchaba muchísimo mejor en aquella sala. Por supuesto, el espectáculo fue un éxito total: los aplausos no parecían querer cesar, y si bien las luces ya se habían prendido, a nadie se le ocurrió dejar su butaca.., al contrario: las flores seguían llegando al escenario en cantidades cada vez mayores.., por fin, y después de media hora de constantes aplausos, la gente comenzó lentamente a abandonar la sala.
- Ven Cariño - tu mano buscó la mía - ¿Que te parece una pequeña caminata por la nocturna París?, la noche está tan agradable, y tu luces tan hermosa.....
La noche tapó aquel rubor que subía rápidamente por mis mejillas, totalmente emocionada, y con un hilo de voz conteste:
- Encantada mi amor..., pasear contigo por París, y especialmente de noche será una vivencia inolvidable y especial que jamás olvidaré...
Nuestros pasos nos guiaron con total naturalidad por el París de antaño.., habíamos pasado de la Île de la Cité a la Île Saint Louis, dejando atrás el precioso edificio del Ayuntramiento parisino. La quietud envolvía a aquella ciudad, que solo iluminada por las luces de la calle y los distintos faroles antiguos que decoraban sus puentes, nos entregaba su lado más mágico y especial. Aquella parte de París no había sido tocada por la reforma que la había convertido, finalmente, en el París de los grandes boulevares: al contrario: sus calles estrechas y angostas, sus enormes y especiales casas señoriales nos recordaban a una sociedad que, en su gran mayoría, había desaparecido casi por completo. Lentamente regresamos a la París de los grandes boulevares, pasamos por Notre Dame, y antes de regresar a casa hicimos un alto en el camino..., frente a la Sainte Chapelle.., y allí, incapaz ya de contenernos nos besamos con una enorme pasión, y al llegar a casa, aquel precioso vestido cayó, casi por arte de magia al suelo, y vivimos una noche de pasión, ternura y deseo imposible de olvidar......
Los grandes teatros del mundo tienen, cada uno un distintivo especial: El Teatro Colón (Buenos Aires), por ejemplo, es reconocido a nivel mundial no solo por ser uno de los más importantes teatros líricos del mundo, también lo es por su espectacular acústica que ha sido celebrada por cantantes, conjuntos de cámara, diferentes orquestas de renombre mundial y directores de orquesta, que la hacen única. Si el exterior de la Ópera de París es magnífico, el interior lo es aun más: más que un teatro el Palais Garnier es realmente un majestuoso palacio dedicado a la música y a las representaciones escénicas (ballets y óperas). Su gran escalera especialmente iluminada por una gran cantidad de faroles y de luces diversas parece sacado de una historia de aquellas, y los visitantes son llevados automáticamente a aquella época de majestuosidad, lujo y elegancia que caracterizó aquella época. Al subir lentamente sus escalones, no pude más que admirar y aplaudir aquella obra monumental y a todos los que habían tomado parte en su construcción. Chapeau!!!
Aquella sala de espectáculos lucía tan especial como el resto del conjunto. Automáticamente subí la mirada, mis ojos buscaban aquel enorme candelabro tan famoso en el mundo entero, gracias a Gaston Leroux. Una inmensa araña, de unas ocho toneladas de peso, decoraba aquel techo, adornado con pinturas alegóricas a las artes escénicas, por Marc Chagall. Finalmente, y después de grabarme a fuego cada uno de sus detalles en la mente, busqué tu mano, y la besé disimuladamente largo y tendido. Con un hilo de voz, producto de la inmensa emoción, pude decir:
- Gracias por lograr que mis sueños se cumplan, uno a uno. Dime corazón - hice una pequeñísima pausa - ¿que espectáculo tendremos el agrado de presenciar?
- Eso Cariño es a tu inteligencia de dilucidar - fue tu enigmática respuesta.
- Vaya desafío más interesante - sonreí por lo bajo - y después de ordenar rápidamente mis ideas, y estando segura de que se trataba de una ópera, pregunté:
- ¿Acaso se trata de una ópera de Verdi como, por ejemplo La Traviata, Rigoletto, Don Carlos o Il Trovatore? ¿o de una escrita por Puccini?
Tu respuesta no se hizo esperar: - No estamos hablando ni de Verdi ni de Puccini Cariño, es más, no se trata de ninguna de las tantas óperas italianas que existen...,
Mientras que mi mente trabajaba a mil, las luces comenzaron lentamente a apagarse, señal de que el espectáculo estaba a punto de comenzar, y mientras el aplauso cerrado señalaba el inminente comienzo de aquella ópera, dije:
- Entonces, si no se trata de ninguna ópera italiana, y creo saber que tampoco estamos ante la presencia de una ópera alemana, entonces - sostuve tu mirada con total seguridad - entonces solo cabe pensar en una francesa.., ¿Carmen de Bizet, quizás? - tu respuesta fue un apretón de mano, los primeros acordes de la obertura de Carmen comenzaban a inundar aquel lugar.
Asistimos a los dos primeros actos (que iban casi juntos, con una pequeñísima pausa de 10 minutos) con una gran atención, y tanto los decorados, como la orquesta, el coro y la mayoría de los solistas eran espectaculares..., con la excepción del tenor, cuya voz parecía carecer de la potencia necesaria para ser escuchado por la sala hasta el último rincón, ya que su voz era tapada casi por completo, especialmente por las voces solistas femeninas. Por supuesto, dicho acontecimiento nos llamó la atención a ambos, en la gran pausa (de 20 minutos) entre el 2º y 3º Acto, y paseando por el majestuoso foyer preguntaste:
- ¿Que te parece la representación Cariño?, creo que existen algunos puntos más que interesantes para remarcar.
- Totalmente de acuerdo corazón - respondí - en general, y a grandes rasgos es una representación hermosa, digna y especial. Los solistas, el coro y la orquesta son maravillosos, los decorados y el vestuario se adaptan unos a otros exquisitamente, solo - hice una pequeña pausa - solo el tenor, (don José) no se destaca como los demás, su voz parece, a veces, perderse en la sala, especialmente cuando canta en conjunto con los demás....,
Sonreiste abiertamente - veo que has estado muy atenta a los detalles de toda clase, concuerdo contigo. Ven, está por comenzar la segunda parte en minutos.
Disfrutamos enteramente de la totalidad de aquella segunda parte de Carmen, y, nos pareció a ambos que la voz de Don José se escuchaba muchísimo mejor en aquella sala. Por supuesto, el espectáculo fue un éxito total: los aplausos no parecían querer cesar, y si bien las luces ya se habían prendido, a nadie se le ocurrió dejar su butaca.., al contrario: las flores seguían llegando al escenario en cantidades cada vez mayores.., por fin, y después de media hora de constantes aplausos, la gente comenzó lentamente a abandonar la sala.
- Ven Cariño - tu mano buscó la mía - ¿Que te parece una pequeña caminata por la nocturna París?, la noche está tan agradable, y tu luces tan hermosa.....
La noche tapó aquel rubor que subía rápidamente por mis mejillas, totalmente emocionada, y con un hilo de voz conteste:
- Encantada mi amor..., pasear contigo por París, y especialmente de noche será una vivencia inolvidable y especial que jamás olvidaré...
Nuestros pasos nos guiaron con total naturalidad por el París de antaño.., habíamos pasado de la Île de la Cité a la Île Saint Louis, dejando atrás el precioso edificio del Ayuntramiento parisino. La quietud envolvía a aquella ciudad, que solo iluminada por las luces de la calle y los distintos faroles antiguos que decoraban sus puentes, nos entregaba su lado más mágico y especial. Aquella parte de París no había sido tocada por la reforma que la había convertido, finalmente, en el París de los grandes boulevares: al contrario: sus calles estrechas y angostas, sus enormes y especiales casas señoriales nos recordaban a una sociedad que, en su gran mayoría, había desaparecido casi por completo. Lentamente regresamos a la París de los grandes boulevares, pasamos por Notre Dame, y antes de regresar a casa hicimos un alto en el camino..., frente a la Sainte Chapelle.., y allí, incapaz ya de contenernos nos besamos con una enorme pasión, y al llegar a casa, aquel precioso vestido cayó, casi por arte de magia al suelo, y vivimos una noche de pasión, ternura y deseo imposible de olvidar......



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